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By Mario Vargas Llosa

Una cruda radiografía del envilecimiento y los angeles frustración de los angeles sociedad peruana bajo los angeles presión de un poder dictatorial.

Zavalita y el zambo Ambrosio conversan en los angeles Catedral. Estamos en Perú, durante el «ochenio» dictatorial del basic Manuel A. Odría. Unas cuantas cervezas y un río de palabras en libertad para responder a l. a. palabra amordazada por los angeles dictadura.

Conversación en l. a. Catedral (1969) no es, sin embargo, una novela histórica. Sus personajes, las historias que éstos cuentan, los fragmentos que van encajando, conforman los angeles descripción minuciosa de un envilecimiento colectivo, el repaso de todos los caminos que hacen desembocar a un pueblo entero en los angeles frustración.

Conversación en l. a. Catedral es algo más que un hito en el derrotero literario de Mario Vargas Llosa: es un punto de referencia insoslayable, un dato fijo en l. a. historia de los angeles literatura actual.

«Si tuviera que salvar del fuego una sola de las [novelas] que he escrito, salvaría ésta.»
Mario Vargas Llosa

ENGLISH DESCRIPTION a talk is held within the Cathedral throughout the Manuel A. Odría dictatorship in Peru; over beers and a sea of freely spoken phrases, the dialog describes the degradation and the disappointment of a city. via a sophisticated internet of non-public lives, the writer analyzes the psychological and ethical mechanisms that govern energy and the folk in the back of it. Conversación en l. a. Catedral is greater than some degree of reference; it's a landmark within the heritage of current Literature.

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L. a. mayor satisfacción se los angeles dieron obligándolo a renunciar —dijo Carlitos—. Siempre me asombró que un tipo como Vallejo fuera periodista. period muy manso, muy cándido, muy correcto. No period posible, tenía que acabar mal. —Oficialmente, comenzará el primero —el señor Vallejo miró el calendario Esso que colgaba en l. a. pared—, es decir el martes próximo. Si quiere irse poniendo al corriente, puede darse una vuelta por los angeles redacción estas noches. —¿O sea que para ser periodista l. a. primera condición no es saber qué es el lead? —dijo Santiago. —Sino ser canalla, o por lo menos saber aparentarlo —asintió jovialmente Carlitos—. Yo ya no tengo que hacer esfuerzos. Tú todavía un poquito, Zavalita. —Quinientos soles al mes no es gran cosa —dijo el señor Vallejo—. Mientras se va fogueando. Después lo mejorarán. Al salir de l. a. Crónica se cruzó en el zaguán con un hombre de bigotitos milimétricos y corbata tornasolada, el cabecero Hernández piensa, pero en l. a. plaza San Martín ya había olvidado l. a. entrevista con Vallejo: �lo habría buscado, dejado una carta, lo estaría esperando? No, al entrar a l. a. pensión, l. a. señora Lucía se restrictó a darle las buenas tardes. Bajó al oscuro vestíbulo a telefonear al tío Clodomiro. —Felizmente salió, tío, comienzo el primero. El señor Vallejo fue muy amable. —Vaya, me alegro, flaco —dijo el tío Clodomiro—. Ya veo que estás contento. —Mucho, tío. Ahora podré pagarte lo que me prestaste. —No hay ningún apuro —el tío Clodomiro hizo una pausa—. Podrías llamarlos a tus padres �no te parece? No te van a pedir que vuelvas a l. a. casa si no quieres, ya te he dicho. Pero no los dejes así, sin noticias. —Pronto los llamaré, tío. Prefiero que pasen unos días más. Tú le has dicho que estoy bien, no tiene de qué preocuparse. —Siempre hablas de tu padre y nunca de tu madre —dijo Carlitos—. �No le dio una pataleta con tu fuga? —Lloraría a mares, supongo, pero tampoco ella fue a buscarme —dijo Santiago—. Qué se iba a perder ese pretexto para sentirse una mártir. —O sea que l. a. sigues odiando —dijo Carlitos—. Yo creía que se te había pasado ya. —Yo también creía —dijo Santiago—. Pero, ya ves, de repente se me escapan cosas y resulta que no. II QUÉ VIDA tan distinta llevaba los angeles señora Hortensia. Qué desorden, qué costumbres. Se levantaba tardísimo. Amalia le subía el desayuno a las diez, junto con todos los periódicos y revistas que encontraba en el quiosco de los angeles esquina, pero después de tomar su jugo, su café y sus tostadas, l. a. señora se quedaba entre las sábanas, leyendo o flojeando, y nunca bajaba antes de las doce. Después que Símula le hacía las cuentas, l. a. señora se preparaba su traguito, su manicito o sus papitas, se sentaba en los angeles sala, ponía discos y comenzaban las llamadas. Para nada, porque sí, como las de los angeles niña Teté a sus amigas: �viste que los angeles chilena va a trabajar en el Embassy, Quetita? , en Última Hora decían que a l. a. Lula le sobraban diez pounds, Quetita, l. a. habían chapado a l. a. China planeando con un bongoncero, Quetita. los angeles llamaba sobre todo a los angeles señorita Queta, le contaba chistes colorados, le rajaba de todo el mundo, l. a. señorita le contaría y le rajaría también.

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